¿Tormenta y Estrés? No lo entenderías

Escrito por: Emilia Smith V., psicóloga y voluntaria de la Fundación Relaciones Sanas @elhuertode.emilia

Históricamente, la adolescencia ha sido considerada como un periodo tormentoso. Autores literarios como Shakespeare, Rousseau y Goethe han descrito al joven como un individuo rebelde, inestable y conflictivo. El pedagogo, S. Hall, cataloga a la adolescencia como un periodo de “tormenta y estrés”; repleto de “mayor vulnerabilidad y potencial”, describe, el psicólogo, E. Erikson.

En definitiva, la adolescencia se trata de una etapa conflictiva del desarrollo humano, tanto para el joven que “adolece”, como para quien le rodea. Malberg y Dangerfield, en el conversatorio “Cómo mantener el sentido del humor y la capacidad de pensar como padres de adolescentes”, invitaron a reflexionar sobre el repertorio de herramientas que se posee para comprender y relacionarse con los hijos adolescentes.

Aquí compartimos algunas de las claves para atravesar esta etapa tan interesante: 

Keep calm: ¡Mantén la calma!”.

Durante la adolescencia se genera una polarización delicada entre el “no me agobies” y el “no me haces caso”. Ante tanta fluctuación, prevalece una sensación conflictiva y de desconcierto en los padres: “¿en qué quedamos?” De acuerdo a Erikson, la adolescencia corresponde a una etapa de turbulencia y adaptación, un periodo de ensayo y error, entonces importa reconocer ¿qué significa para ti, como padre, esta transición?

La adolescencia abarca desde la pubertad hasta la adultez joven. Estos cambios fisiológicos acarrean expectativas de roles adultos que dependen, en mayor medida, de la cultura. Entender al adolescente integrando su pubertad es fundamental, tal como tener presente que los adolescentes no son adultos; las líneas de desarrollo puede brindar guía a los cuidadores para tener una expectativa sana de sus hijos.

El papel de los padres debe ser comprender y tratar de dar sentido a la experiencia emocional del adolescente, más que catalogar conductas preocupantes. Actuar basado en interpretaciones puede provocar que el adolescente no se sienta entendido, poniéndose en evidencia los miedos de los padres.

“¿Confiar o no confiar?: esa es la cuestión”.

Los padres han de confiar que los valores compartidos durante los años previos a la adolescencia son recursos que el joven poseerá y utilizará de acuerdo a su entender. A su vez, es importante aceptar que el aprendizaje podrá surgir a partir de consecuencias naturales, es decir, los tropiezos son inherentes y serán necesarios. Por ende, se debe saber elegir las batallas con humildad, dado que no todas podrán ser ganadas.

En muchas ocasiones, al momento de relacionarse con los hijos pueden surgir barreras, cuyo origen remonta a las experiencias relacionales de los padres, específicamente con miedos y fantasías. Vale la pena preguntarse: ¿existe alguna expectativa sobre el rol de padre en mi familia?, ¿cómo fue mi adolescencia?, ¿cómo era la relación con mis padres?, ¿cómo fue la relación con mis hermanos?

“¿Qué te sucede?: No lo entenderías”.

La necesidad de pertenecer es uno de los puntos definitorios de la identidad que se pone a prueba durante la adolescencia. Durante este periodo, el joven comienza a explorar valores diferentes al hogar y los padres pueden experimentar hostilidad y rechazo.

El humor puede ser una alternativa para procesar lo que se vive, y para relacionarse con los otros; es un medio para alcanzar y mantener un estatus social deseado. Entre los 12 y los 16 años se dispara el desarrollo de las capacidades neurológicas que permiten la producción y comprensión de la ironía, constituida de: la jocosidad, el sarcasmo, la hipérbole -exageración de un hecho-, las preguntas retóricas y las subestimaciones.

La ironía se trata de un mecanismo comunicacional adaptativo que, de acompañarse de amabilidad, intensifica lazos interpersonales. Sin embargo, en muchas instancias, puede ser interpretado por los padres como comportamientos de insolencia y desafío. En estas situaciones, hay que tener presente que, entre mayor ansiedad o ante emociones intensas, menos capacidad de mentalizar tendremos, es decir, podrá costar entender el comportamiento de los demás comprendiendo su estado mental y emocional. Mentalizar (la capacidad de pensar sobre nuestra mente y la mente de otros) es clave para el mantenimiento de las dinámicas familiares.

“Expectativa vs. Realidad”

Al vincularnos, hay que tener presente que los estados emocionales son opacos, es decir, podemos suponer intenciones. Sin embargo, solo se apreciará la “verdad” al escuchar, sin juicios, la perspectiva ajena. Sentirse entendido y considerado, proporciona un terreno fértil para la apertura al cambio. Dentro de estas interacciones encontramos el desenvolvimiento de una capacidad imaginativa e interpretativa, claves para mentalizar.

Si bien la mentalización suena como la pócima mágica de las relaciones en conflicto, no la poseemos de forma permanente, es frágil y hay que aprender a cultivarla. Los padres han de mantener una actitud de auto-observación, de calma y de cuestionamiento, junto con una mente abierta a la diferencia que valida la emoción del otro. La curiosidad abre un poderoso portal al balance entre lo cognitivo y lo emocional, que la mentalización busca alcanzar.

De esta forma, en lugar de juzgar al adolescente o tratar de decirle cómo se debe sentir o qué debe pensar, al entrar con curiosidad dentro de la relación buscamos que el mismo adolescente nos lo cuente. Y, así, padre y adolescente empiezan a trabajar como equipo para ayudar al adolescente a pensar sobre sus emociones y–consecuentemente–regularlas mejor. 

Dado que para ser padre no existe un manual, es importante practicar la auto-compasión y tolerar que aunque se es la autoridad, no se poseen todas las respuestas. Se hace lo que se puede, con lo que se tiene. Además, es imprescindible que, como padres, reconozcan que no están solos en esto, de necesitar ayuda, no duden en contactar a sus redes de apoyo -amigos o familia-, o a algún profesional de la salud.

El Instituto Internacional de Psicoterapia de Panamá busca abrir oportunidades en donde podamos pensar juntos y aprender un poco más acerca del desarrollo de relaciones sanas con nuestros hijos. Nos encanta ser parte de sus hogares a través de estas conferencias y esperamos poder seguir llegando a todos ustedes con temas de interés para la salud mental de nuestras familias.

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