Contrólese antes de intentar controlar la situación

La atmósfera familiar les ofrece a los hijos un modelo de relaciones humanas. Si en casa las personas afrontan los problemas con gritos y golpes, los niños aprenderán esa forma de manejar las situaciones. La reacción más frecuente ante el castigo físico es que el niño piense: “Me pegaron y no me pasó nada”. Disciplinar con golpes no es un método efectivo para la modificación de la conducta. El niño aprende a hacer caso por miedo y no porque está razonando. Cuando un adulto recurre a los golpes está dando el ejemplo equivocado y mostrando que tampoco sabe controlar su rabia. La idea es enseñarle al niño a manejar lo que siente de una manera más adecuada, para que aprenda que los problemas se resuelven conversando y no pegando.

Cuando hablamos de disciplinar a los niños debemos tener en mente adónde queremos llegar. Para ponerle una nueva perspectiva a la situación se requiere una visión a largo plazo. Si queremos tener hijos responsables y exitosos, que logren manejar las situaciones sin violencia, tenemos que poner en práctica un método de resolución de conflicto no violento, a través del cual ellos aprendan a saberse comunicar: a hablar y escuchar.

No castigue a su hijo físicamente porque además de lastimar su cuerpo, le hace un daño emocional que deteriora la confianza que pueda tener en sí mismo.

Contrólese antes de intentar controlar la situación. Si usted está muy frustrado, debe alejarse del niño hasta que pueda pensar de manera objetiva cuál sería la mejor manera de manejar la situación. Antes de actuar impulsivamente puede utilizar algunas de las siguientes técnicas para calmarse:

salir a trotar o caminar (si hay alguien que pueda quedarse con el niño) respirar profundamente diez veces
pegarle a una almohada
darse un baño
llamar a un amigo
escuchar música
poner por escrito lo que molesta
Cuando ya esté calmado, debe analizar por qué estuvo bravo. ¿Su hijo realmente hizo algo que le molesta? ¿O es solo un blanco fácil para la rabia y frustración que a usted le causa otra situación?

Si es necesario corregir a su hijo, hágalo de una manera firme y amistosa, señalándole lo que hizo mal pero evitando insultarlo. Los insultos lastiman la autoestima de los niños. Si le dice cosas como “no sirves para nada”, “eres insoportable”, “eres bruto”, o “qué torpe eres”, probablemente logrará que él crea lo que usted le dice y se considere bruto, torpe o inútil.

Los niños merecen ser respetados. A ningún adulto le gusta que le insulten o le peguen, entonces ¿por qué creen que con los niños es diferente? Ellos aprenden lo que les enseñamos. ¿Cómo van a aprender a comportarse y a respetar a los demás, si el adulto está haciendo lo contrario? Es como exigirle al adolescente que no utilice drogas, mientras que uno toma alcohol o fuma marihuana.

Establezca reglas claras para que su hijo sepa cómo usted espera que se comporte. Es importante que el niño aprenda que sus actos tienen consecuencias. Asegúrese de que la consecuencia esté lógicamente relacionada con el comportamiento inadecuado. Por ejemplo, si el niño no se porta bien en el supermercado, déjelo en casa, o no le permita venir la próxima vez. No podemos perder de vista que el objetivo de la disciplina es modelar conductas más adecuadas. No se trata de hacer sentir mal al niño ni de demostrar que el que manda es el padre.

Por otra parte, si usted está molesto por alguna otra razón y por ende está de mal humor, considérelo señal de que necesita alejarse y tomar un tiempo para si mismo. Debemos estar pendientes de las necesidades de los niños sin descuidar las nuestras. No es posible ni saludable que todo gire en torno a ellos.

Reducir el nivel de estrés es importante para usted y para su hijo. Si usted está tranquilo, puede organizarse mejor. Así, tendrá más tiempo y energía para dedicarles a sus hijos. De hecho, podemos hacer cualquier cosa mejor cuando no estamos bajo estrés. Para disminuir el estrés, podemos ejercitarnos, hacer actividades placenteras, conversar con un amigo, o salir a divertirnos, ya sea solos, con amigos o en pareja.

Concéntrese en una tarea a la vez. Cuando se sienta abrumado, puede hacer una lista de las cosas que necesita resolver. Cuando esté dedicado a una tarea, no se preocupe por las demás. De esa manera logrará una mejor solución, en menos tiempo.

En la medida que esté menos estresado, la conducta de su hijo mejorará. Un padre o una madre feliz, una vida estable y una buena relación padre e hijo, hacen que el niño se sienta tranquilo y seguro. Es importante disciplinarlo de forma consistente. Cuídese de tener reacciones excesivas ante las situaciones, circunstancia que se da principalmente cuando uno está cansado. No castigue a los niños físicamente y no responda a las situaciones de manera emotiva. ¡Y recuerde que ningún padre o madre es perfecto: todos cometemos errores!

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