Cuidando mi mente y mis relaciones en Teletrabajo

Escrito por: Emilia Smith, estudiante de psicología

Hace unos años se comenzó a reflexionar sobre la importancia de que las empresas hicieran transición del trabajo en oficina –al teletrabajo– donde la producción se da a la distancia y se basa en la confianza a los colaboradores. Optar por esta metodología de trabajo representa una serie de cambios en la dinámica cultural y la organización de la empresa: la comunicación ya no se entendería igual, pasa de lo simple a lo complejo.

Se integran factores ambientales, como: conexión a internet estable, equipo audio visual  funcional para escuchar, ser escuchados y verse, a pesar de la distancia, tal como un espacio de trabajo con lo básico necesario de cada oficina. Lograr un espacio a ese nivel de calidad para la producción de la fuerza laboral resulta en un gasto importante, por ende, menos factible.

Sin embargo, debido al COVID-19, el teletrabajo, fue una medida que la mayor parte de las organizaciones en Panamá y el mundo tuvieron que adoptar, a la fuerza, intentando estabilizar la jornada laboral con el fin de aminorar impactos significativos sobre las finanzas. 

Ante lo abrupto del cambio, surge una variedad de consecuencias que repercuten en la salud física y mental de los individuos y, sobre todo, en sus relaciones laborales.

¿Cuáles pueden ser algunas consecuencias derivadas del teletrabajo?

  • Sentirse disperso. El salir de la rutina habitual sin poseer una organización laboral que guíe sobre las asignaciones diarias, entendiendo el horario y la estructura en la que deben ser atendidas, puede desencadenar una sensación de dispersión e incrementar los niveles de estrés. A su vez, aumentando la posibilidad de fatiga, reflejado consecuentemente en un desempeño por debajo del promedio usual de cada individuo. 
  • Sentirse aislado. Trabajar desde casa, viviendo rodeado de otras personas que no tienen  relación con la oficina y sus responsabilidades, puede ser desmotivador y llegar a sentirse monótono. Por otro lado, si se vive solo, es posible que el silencio y la sensación de estar en soledad, pueda aumentar los niveles de estrés. Muchas veces, durante el trabajo a distancia las interacciones se tornan más concisas y transaccionales, pudiendo intensificar el sentimiento de aislamiento y trabajo en solitario.
  • Sentirse desmotivado. Trabajar en oficina nos permite interactuar de forma espontánea y constante con nuestros compañeros de trabajo, tal como mantener un contacto directo y más cálido que el que podemos tener a través de plataformas digitales. El comunicarnos con las personas cara a cara, colabora “a hacernos más resistentes a los efectos del estrés a largo plazo” menciona la Dra. Maria Cohut en un artículo para Medical News Today.
  • Síndrome de patata en el escritorio. El tener acceso a comida en cualquier momento de la jornada laboral desde el sitio de trabajo–aunado a la ruptura del esquema regular para la ingesta de alimentos, como podía ser ‘la hora de almuerzo’–puede desencadenar una ingesta sin mesura. En casa, el trabajo puede desenvolverse de manera, sobre todo, sedentaria, por lo que no se exige al organismo un gasto calórico significativo. De este modo, llega a existir un exceso de nutrientes innecesarios que progresivamente pueden contribuir en el aumento de peso y otras dificultades de índole física como la obesidad.

¿Cómo podemos afrontar sanamente estas consecuencias?

Hay algunas formas que podemos afrontar estas consecuencias de forma sana. 

  • Tener presente que: distanciamiento social no significa aislamiento. Es ideal y prioritario mantener el contacto con los demás miembros usuales de la oficina, intentando recrear creativamente la sensación de grupo a pesar de la distancia. A través del contacto social se colabora en mantener la moral en alto durante las horas de teletrabajo. Respetar nuestra naturaleza social puede apoyarnos manejar mejor el estrés laboral.
  • Mantener una comunicación “constante y positiva”. Aparte de contar con una relación laboral, es fundamental integrar interacciones ligadas a lo emocional. Que sean espacios para reconocer lo que cada individuo puede estar viviendo, ya sea sentirse alterado, abatido, desesperado, y más. Entendiendo esto, es ideal meditar sobre nuestros pensamientos antes de expresarlos, “¿qué puede estar pasando por la mente del otro?”, “¿cuál será el impacto de mis palabras?”. El mantener la cooperación y relaciones sanas entre colegas, sobre todo en la relación jefe-subordinado, permite formar una barrera contra el estrés.
  • Dar y recibir retroalimentación de forma asertiva. Es imperativo reconocer y ser empáticos con la situación común que se está viviendo. Al momento de realizar observaciones hay que contemplar cuáles pueden ser las prioridades emocionales y sociales del compañero, tal como gestionar nuestra corporalidad: “¿cómo me expreso?”, “¿qué gestos suelo utilizar?”. Es recomendado mantener una comunicación clara. No asumir que el otro entendió algo específico, sino esclarecer y evitar a toda costa los malos entendidos.
  • Priorizar nuestra salud física. Tener presente realizar pausas activas durante la jornada de trabajo, cuidar la postura y la ergonomía, respetar el horario de comida procurando sea saludable, y mantener un estilo de vida sano fuera de las horas de trabajo. También, aprovechar los espacios de tiempo libre para hacer ejercicios, técnicas de relajación y pasatiempos. En conjunto, nos permitirá sentirnos más tranquilos con nosotros mismos y nuestro trabajo.
  • Alcanzar conciencia de nuestras actos. Ante niveles excesivos de incertidumbre, la ingesta de alimentos, conductas adictivas y compulsivas pueden devenir como respuesta a la ansiedad experimentada. Ante los sentimientos negativos que pueden surgir durante diversas circunstancias laborales, se recomiendan los siguientes puntos: aceptar la situación actual que estamos viviendo y hallarle el lado positivo, por ejemplo, “no puedo estar en mi espacio regular de trabajo, pero estoy ahorrando gasolina y tiempo”; regular nuestros pensamientos, se recomienda dosificar la información que se recibe del medio y que pueden incorporar múltiples “deberías” en su agenda mental, provocando se sienta abrumado ante la alta expectativa; reconocer nuestras capacidades, ejemplo: “he experimentado algo parecido antes y me ha ido bien haciendo…”, si nos reconocemos eficaces, podemos optar por alternativas creativas que nos permitan tolerar situaciones de cambio; y priorizar nuestra salud mental, ejemplo, si siente que hay un conflicto importante en su departamento de trabajo, en vez de asumir y generar una “bola” de ideas que produzcan un clima de trabajo desagradable, elija conversar con compañeros de confianza sobre la situación.

En el mundo laboral, establecer culturas de confianza a la distancia amerita un proceso y no es para todos. Nos encontramos en un periodo histórico que desafía nuestra noción del mundo y de nosotros mismos. Nos invita a establecer acciones con conciencia, para el bienestar propio y del entorno inmediato -trabajo y hogar-. Lograrlo no es fácil, pero tampoco es imposible… entonces, ¿qué estás haciendo?

Si deseas recibir acompañamiento emocional empresarial en tu organización o empresa, y así facilitar la transición a la nueva realidad, escríbenos a fundrelsa@gmail.com para enviarte nuestros servicios.

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