La somatización y su relación con el cáncer

Por: Ana Isabel Correa, Psicooncóloga (@anaisabelcorrea.psic)

El ser humano es el ser vivo más complejo que existe. Su desarrollo no se limita a los cambios fisiológicos que son perceptibles a nuestros ojos. Somos mucho más que un cuerpo que respira. Así que para entendernos, tenemos que integrar todo lo que comprende nuestro ser, la mente y el cuerpo. Al estar fusionadas, lo que pasa en nuestro cuerpo puede afectar nuestra mente y viceversa.

¿Qué tanto poder tiene la mente sobre el cuerpo?

La mente es tan poderosa que puede causar una fiebre sin que el cuerpo este luchando activamente contra una infección o podemos tener un brote en el cuerpo sin necesariamente tener una alergia. Cuando los malestares a nivel psíquico empiezan a repercutir a nivel fisiológico y producen síntomas, se puede decir que estamos “somatizando”.

La somatización es la expresión física de un síntoma emocional y no es exclusivo para personas con un alto nivel de distrés emocional o un trastorno psicosomático. Por ejemplo, algo muy común al estar preocupado es experimentar dolor de cabeza, nauseas o fatiga y, a pesar que los síntomas físicos no tengan un origen orgánico aparente, son síntomas reales y la personas los experimentan como si realmente estuviesen desencadenados por un problema de salud. Este último punto es muy valioso ya que es fundamental entender que la persona no finge los síntomas.

Desde la perspectiva psicológica, una hipótesis de la somatización es que la mente la usa como mecanismo de defensa (de forma inconsciente). Al desviar la atención al síntoma físico, dejamos de un lado la parte emocional que muchas veces es más difícil trabajar. Otra hipótesis plantea que, al tener un malestar emocional que no se elabora ni se trabaja, al no transformarlo en palabras, el cuerpo busca su propia forma de liberarlo.

¿Puede la somatización convertirse en una enfermedad real como cáncer?

No existe evidencia científica suficiente que respalde la idea de que los malestares psicológicos, somatizados o no, puedan desencadenar un cáncer. Sin embargo, es común que los pacientes con un diagnóstico de cáncer tengan una mezcla de síntomas provenientes de su enfermedad y otros síntomas provenientes de un proceso de somatización.

Esto se debe a que la somatización como síntoma puede ser parte de un proceso normal de duelo, así como de trastornos depresivos o de ansiedad, tres escenarios muy probables ante el diagnóstico y proceso oncológico. El miedo o la tristeza, también pueden traducirse involuntariamente en síntomas como dolor de cabeza, contracturas musculares, entre otros.

La somatización tiene múltiples formas de expresión. En los pacientes con cáncer suele centrarse en síntomas físicos a los que atribuyen una intensificación de la propia enfermedad o una diseminación.

Esto podría deberse a que las personas que perciben una amenaza real contra su integridad suelen estar hipervigilante a las sensaciones corporales y pueden interpretar cualquier síntoma nuevo, como un problema asociado a su enfermedad diagnosticada.

Sin embargo, es importante tomar en cuenta que los tratamientos como la quimioterapia pueden provocar efectos secundarios como náuseas, vómito, dolor de cabeza, cansancio extremo u otros, que están lejos de estar relacionados con factores psicológicos.

¿Cómo apoyar a alguien que tiene cáncer y podría estar somatizando una parte de los síntomas?

Lo primero es no cuestionar la veracidad de sus síntomas. Independientemente si los síntomas son provenientes de un malestar psicológico o del cáncer, los síntomas son reales. Lo importante es que para cada síntoma se descarten las causas orgánicas primero. Si no se logran detectar, entonces explorar qué malestar psíquico podría estar provocándolo.

Muchos pacientes oncológicos llegan a la consulta de psicooncología derivados por sus médicos con síntomas físicos sin causa orgánica y no por los clásicos problemas como ansiedad o depresión, aunque son estos dos, los principales causantes de aquellos síntomas que no cesan.

Es importante abrir espacios seguros para que los pacientes puedan expresar sus preocupaciones, miedos y tristezas, tanto a nivel familiar como con el equipo médico. Permitirle acceder a toda la información necesaria para descartar las posibles causas orgánicas de sus síntomas y gentilmente ayudarle a re-direccionar su atención a los hechos reales que se conocen de su enfermedad.

Si la somatización es causada por situaciones particulares y concretas, y es transitoria, no debe considerarse como una patología. Es muy probable que todos hayamos somatizado en algún momento de nuestras vidas. Sin embargo, que sea común no le quita la incomodidad y el malestar que generan.

Si estás experimentando algún malestar que puede ser producto de una somatización, te invito a buscar ayuda de un profesional. ¡No tienes que hacerlo solo! Hay muchos profesionales idóneos dispuestos a ayudarte.

 

 

 

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