¿Oír o escuchar?

Por: Becky Malca, psicoterapeuta y psicooncóloga

Muchas personas pueden pensar que oír y escuchar son sinónimos, cuando en realidad se trata de acciones distintas.

Oír va ligado a un reconocimiento de sonidos por parte del sistema auditivo. Se considera una acción simple por no requerir de una interpretación profunda.

Escuchar involucra un proceso más complejo, al conectarnos con el mensaje que el otro intenta comunicar. Se presta atención al estado de ánimo de la persona, sus sentimientos, pensamientos, el tono de voz y el lenguaje corporal (gestos, miradas, postura). Toma sentido la frase “no es sólo lo que se dice, sino también cómo se dice”.

La acción de escuchar es un proceso en el cual se valora el mensaje que se está intentando transmitir, aún el silencio, porque el silencio también comunica.

Escuchar de forma activa (con empatía, sin enjuiciar, criticar ni desvalorizar) es un ejercicio que requiere conciencia plena, dedicación y entrenamiento. Muchas malinterpretaciones, lagunas de información y juicios se generan por sólo oír y no saber escuchar.

No es un secreto que a todos nos gusta sentirnos escuchados, valorados y comprendidos, principalmente, por nuestros seres queridos. Al no sentirmos escuchados, se generan sentimientos de invalidación, frustración y tristeza, que algunas veces se termina disfrazando en decepción, rabia y apatía.

La dificultad de escuchar radica principalmente en que dedicamos mucho tiempo únicamente a aquello que pensamos y decimos, en vez de escuchar también activamente al otro. Fallamos cuando descalificamos, juzgamos, imponemos, rechazamos, interrumpimos, ofrecemos nuestra ayuda de manera prematura y nos concentramos únicamente en nuestra historia, impidiendo que el otro pueda expresarse y desahogarse.

La buena noticia es que la escucha activa es una habilidad que puede ser aprendida y desarrollada con práctica.  Requiere de estar en el momento presente, de nuestra empatía, validación, aceptación y retroalimentación.

Gracias a un buen manejo de la escucha, es posible construir relaciones sólidas, estrechas y significativas.

Aprender a escuchar y no sólo oír, nos permitirá ser personas tolerantes, pacíficas, elocuentes, con un mayor grado de inteligencia emocional para cultivar relaciones sanas.

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