¿Cómo los padres moldean la salud mental de sus hijos?

Por Elissa Strauss, CNN 

Publicado originalmente en CNN el 04 de octubre, 2020

Traducción por: Ana María Aparicio, miembro voluntario de Fundación Relaciones Sanas

Los padres que están batallando con la ansiedad y la depresión, pueden apoyar el bienestar de sus hijos tomándose el tiempo para hablar al respecto. De esa manera, los niños no piensan que tus luchas son su culpa.

La mayoría de los padres saben que su comportamiento tiene un efecto en la salud mental de sus hijos, ahora y posiblemente para siempre.

Como tal,  nos esforzamos por llamar a nuestros mejores ángeles, modelando ecuanimidad y empatía tanto como podemos, con la pequeña esperanza que estos momentos superarán a los perturbadores.

Hay momentos en los que esto es más fácil, y otros en los que es más difícil. Ahora mismo, sólo en caso que alguien allá fuera no esté claro, es muchísimo más difícil.  

Con la pandemia, cierre de escuelas, la lucha contra la injusticia social, la crisis climática y la incertidumbre política, este año se ha hecho difícil para cualquiera mantener todo razonablemente en su lugar. Ahora añade a esa lista criar a los futuros cuidadores de este mundo vulnerable. 

La buena noticia es que los niños no necesitan que seamos fuertes pilares en medio de las ruinas. La ansiedad o depresión de los padres tampoco significa que el niño inevitablemente experimentará ansiedad o depresión ahora o en futuro. 

Lo que importa más que cuán desarmados nos sentimos, es cómo lidiamos con esos sentimientos inquietantes. Este es el caso, bien sea que nosotros los padres o nuestros hijos experimenten ansiedad o depresión. 

La relación entre crianza y la salud mental de los niños 

Hay una larga relación establecida entre la crianza y los problemas de salud mental en niños, explica Marcy Burstein, psicóloga clínica y empleada del Instituto Nacional de Salud Mental, que ha investigado este tema. 

Los hijos de padres con trastornos de ansiedad son de cuatro a seis veces más propensos a desarrollar un trastorno de ansiedad en su vida, y los hijos de padres con depresión son de tres a cuatro veces más propensos a desarrollar depresión. A menudo, estos trastornos aparecen en la infancia o adolescencia. 

El por qué, como sea, permanece incierto. Es como una combinación entre genética, biología y ambiente, dice Burstein. También, no es siembre algo que pasa de padres a hijos; la conducta del hijo puede impactar en sus padres. 

“Este es un poco del fenómeno gallina y huevo” dice Burstein. “La relación entre los padres y el niño es bidireccional y compleja, A veces, el niño ansioso puede provocar menos calidez o sobreprotección de los padres, como muestran los estudios”. 

Pero no importa dónde o cómo la enfermedad mental empieza—a veces puede ser imposible determinar con precisión – Burstein quiere que los padres sepan que no es culpa de nadie. 

“Los problemas de salud mental deben ser considerados como cualquier otra enfermedad,” dice “Nosotros no culpables a nadie por tener diabetes.”

Eli Lebowitz, director del Centro de estudios de niños de Yale, en el programa para trastornos de ansiedad, está de acuerdo. 

Cuando se trata de niños experimentando ansiedad o depresión, él rara vez piensa que los conflictos de los padres con su salud mental sea una causa directa. 

“Todavía está la idea que es toda la culpa de los padres, lo cual la salud mental, como disciplina, ha dicho a lo largo de la historia,” dijo Lebowitz, autor de “Liberarse de la ansiedad infantil y el TOC: un programa científicamente probado para padres”; “han culpado a los padres de tantos problemas”. 

Esto no quiere decir que los padres no tengan influencia en bienestar mental de sus hijos. 

Todo está en la respuesta

El sufrimiento emocional es inevitable. La vida es dolorosa e incómoda hasta cierto punto para todos. Si nunca experimentaste estos sentimientos, bien, tengo algo de malas noticias.  Probablemente estás hasta el cuello en negación o en una positividad tóxica (o ambas), y no estás  beneficiando a nadie, menos a ti. 

A veces la ansiedad y la tristeza pueden manejarse sin ayuda profesional. Y a veces son tan fuertes que califican para un trastorno clínico y demandan ayuda profesional. 

De cualquier manera, negar este dolor causa daño a largo plazo a nuestros niños y a nosotros.  Lo emocionalmente saludable por hacer, que también es difícil y algo valiente, es reconocer nuestros problemas en frente de nuestros hijos y modelar una respuesta saludable a ellos.

“Los niños miran a los padres para entender el mundo. Empieza en la infancia” dijo Lebowitz. El señaló un estudio en el cual los niños responden a las claves faciales de sus padres cuando deciden si gatean o no sobre un piso transparente. Los bebes de padres que se veían asustados dejaron de gatear. Aquellos cuyos padres parecían tranquilos, siguieron gateando. 

“Este es la forma principal en las que aprendemos sobre qué es seguro o peligroso y feliz o triste” añadió. Nuestros niños toman nuestras claves emocionales verbales y no verbales, y tienden a ser más perceptivos, más a menudo de lo que les damos crédito. 

Esto no quiere decir que siempre tengamos que vernos tranquilos. Cuando nos sentimos ansiosos sobre el Covid-19, incendios forestales, racismo o inseguridad financiera – o porque tenemos un trastorno clínico de ansiedad – debemos reconocerlo de frente con nuestros niños de manera apropiada según su edad. 

Cuando los padres sienten que se le están soltando las costuras, los padres deben empezar a cuidar de sí mismos. En una cultura donde implícita y explícitamente  se alienta a los padres a poner las necesidades de sus hijos sobre las suyas, esto puede parecer incorrecto, prohibido o egoísta. Pero es para el bien de todos. 

 Soltar la presión puede hacerse a través del ejercicio, tiempo fuera del trabajo, una llamada a un amigo o terapia. “Encuentra estas pequeñas formas de recargar tu batería” dijo Lebowitz. 

Habla con ellos

Pero eso no es todo. Adicionalmente para encontrar formas de ayudarse a ellos mismos, los padres deben también hablar con sus hijos sobre lo que está ocurriendo. 

“Es aterrador para un niño tener un padre con un problema y no habla de ellos, vesus un padre que tiene problemas y habla de ello.” Dijo Lebowitz “Sólo asegúrate de usar palabras que ellos puedan entender” 

Para los niños más jóvenes, “triste” y “asustado” son probablemente una mejor elección de palabras que “deprimido” o “ansioso”. 

Conversaciones apropiadas a su edad sobre la ansiedad y la depresión pueden lograr un gran número de cosas. Para uno, hablar con tus hijos normaliza estos sentimientos y muestran a tus hijos que está bien reconocerlos y expresarlos. Segundo, la comunicación asegura que nuestros hijos sepan que el estrés y la ansiedad de un padre no son su culpa. Por último, cuando los padres hablan sobre qué van a hacer para lidiar con estos sentimientos, están demostrando a sus hijos cómo lidiar con sentimientos fuertes por ellos mismos. 

En lugar de participar de comportamientos poco constructivos como catastrofizar, aislarse o gritar, los padres deben tratar de modelar conductas de afrontamiento ahora mismo, dijo Burstein. 

Cuando es el niño quien está ansioso Lebowitz alienta a los padres a respetar pero no necesariamente consentir sus preocupaciones. Esto podría ir en contra del profundamente enraizado instinto de los padres de proteger a sus hijos de lo que les asusta. Pero la línea entre la protección y la adaptación de conductas poco saludables e irracionales puede ser una pendiente resbaladiza 

Si el niño está asustado de ir al parque porque se preocupa de poder contagiarse de coronavirus ahí, no le digas: “Entiendo que estas asustado, entonces no iremos.” En lugar de ello, di: “Entiendo que estas asustado, pero sabemos que esto es seguro, y yo sé que puedes hacerlo.” 

“Demuéstrale al niño que estás seguro que pueden tolerar el estrés y seguir bien. Hazles saber qué crees que pueden manejarlo,” dijo Lebowitz. (Para saber más sobre cómo hacer esto, mira SPACE. Es el método de terapia creado por Lebowitz  para abordar la ansiedad del niño, tratando a los padres y enseñándoles estas habilidades). 

“Los padres son como un espejo donde el niño se mira y aprende de sí mismo”. Me dijo Lebowitz. 

En mi experiencia, el espejo es a dos vías. Sabiendo que mi hijo está viendo mis reacciones al estrés y la tristeza me inspira a lidiar con ellas de maneras más saludables, que esconderme bajo una sábana viendo twitter durante horas. 

 

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