Políticas de salud mental en el trabajo

Por: Christine Corrales, Psicóloga

Trabajar para vivir o vivir para trabajar, aquella frase puede ser un dilema con infinito debate, no obstante, lo que podríamos tener más presente debería ser ¿promueve mi trabajo la salud mental?.

Existen una infinidad de cargos y trabajos diferentes, ejercidos por una variedad innumerable de personas, trabajos con alto y bajo riesgo, trabajos con alta y baja remuneración, trabajos con alto y bajo grado de preparación; no obstante, en lo que coinciden todos y cada uno de ellos indiscutiblemente, es en el hecho de que el trabajo tiene un impacto en nuestra salud sea cual sea.

Recordemos que al hablar de impacto, no nos referimos a algo negativo o positivo, simplemente esa palabra hace referencia a tener un efecto, tener una marca, representar algo, en este caso, la huella que puede dejar el trabajo en nuestra salud mental.

Muy recientemente, específicamente después de una pandemia, se ha otorgado mayor interés o espacio para hablar sobre salud mental y aunque todavía el camino es extenso y complejo, poco a poco la sociedad y la cultura están evolucionando para darle a la salud mental el espacio que le corresponde. Así como no podemos separar nuestro cuerpo ni nuestra mente de nosotros mismos, de igual forma no podemos separar el impacto en la salud de nuestra vida laboral.

Cuando se habla de salud mental y trabajo, usualmente se contempla como una relación contradictoria, de hecho, en muchos casos el trabajo es una fuerte causa de deterioro en la salud mental. Burnout, depresión y ansiedad parecen ser sinónimos de estar laborando hoy en día.

Recordemos que la Organización Mundial de la Salud define la salud como un estado completo de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. El decreto 252, por el cual se aprueba el Código del Trabajo de 1972, dispone la obligación del empresario de aplicar las medidas que sean necesarias para proteger eficazmente la vida y la salud de sus trabajadores, por lo tanto, legalmente hablando en Panamá, trabajar no debería ser una fuente de deterioro de la salud ni de la calidad de vida, sino todo lo contrario.

Según el Código del Trabajo panameño, el capítulo II menciona que los empleadores están obligados a:

  • Pagar a los trabajadores su salario
  • Guardar consideración a los trabajadores (no maltratos de palabra ni obra)
  • Tomar las medidas indispensables para prevenir accidentes y enfermedades profesionales
  • No exigir la realización de trabajos que pongan en peligro la salud o la vida de los trabajadores

En el libro II del Código, se habla extensamente de los riesgos profesionales, los cuales incluyen las enfermedades y tomando en consideración algunos elementos dentro de este artículo mencionados previamente, ahora hablaremos de las leyes no escritas que deberían estarlo.

En una cultura donde se hace énfasis en el tratamiento, pero no en la prevención, hoy queremos introducir un elemento preventivo para la preservación de la salud en el trabajo. Se suele hablar de sanciones por incumplir normas o de tratamientos o medidas correctivas después de haber infringido la ley, pero no se habla de cómo prevenir el incumplimiento de esas normas. Por eso ahora hablaremos del salario emocional un término relativamente nuevo que gradualmente se abre paso.

Innegablemente la mayoría de las personas trabaja como un medio de subsistencia, para recibir una remuneración a cambio, la cual no siempre es económica. Un estudiante trabaja para adquirir experiencia, una madre puede trabajar en casa para su familia, una persona jubilada puede continuar trabajando para continuar relacionándose activamente con otros y así mismo podemos ofrecer una infinidad de ejemplos donde el salario económico no es el único incentivo o motivación por trabajar.

El salario emocional consiste en la forma en la que las empresas u organizaciones otorgan beneficios a sus colaboradores adicionales al salario económico. El mismo tiene como objetivo el incrementar el compromiso laboral, estableciendo un vínculo más cercano con los colaboradores y las instituciones, promoviendo la salud y satisfacción de estos.

A continuación, ofreceremos una lista con algunos ejemplos de acciones que pueden tomar las organizaciones o sugerir los colaboradores como formas de salario emocional:

  • Desarrollo personal y profesional
  • Flexibilidad de horarios
  • Guarderías
  • Planes para mascotas
  • Teletrabajo
  • Días libres (adicionales a los festivos)
  • Espacios de distracción y esparcimiento en el trabajo
  • Voluntariados
  • Beneficios sociales como seguridad social y jubilación
  • Reconocimientos

Poco a poco muchas organizaciones se percatan del efecto positivo que tiene en el rendimiento laboral el otorgar beneficios para los colaboradores como el salario emocional, aunque el mismo es opcional y depende totalmente de cada organización y su cultura, cada vez es más frecuente el otorgar este tipo de incentivos y otros que son de beneficio para ambas partes.

Ahora sabemos que el trabajo no debe ser sinónimo de falta de salud mental, sino todo lo contrario. La salud y la seguridad no son un juego, son nuestras vidas.

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