Una mirada a nuestros niños

Escrito por: Becky Malca, Psicoterapeuta y Psicooncóloga

Este domingo 19 de julio se celebra en nuestro país el Día del Niño. Considero oportuno hacer uso de este espacio para que reflexionemos sobre ellos.

Ser niño/a no es una tarea fácil. Los adultos tendemos a generar una lista larga de expectativas sobre ellos, incluso antes de su llegada al mundo.

Muchos padres ven en sus hijos la oportunidad de construir y lograr aquello que no pudieron hacer en esa etapa de su vida, y los abuelos, una manera de reparar en esta nueva relación, aquella que tuvieron con sus propios hijos. Esto, sin dejar de considerar que los adultos, en general, ponemos sobre sus hombros el futuro de la nación, el porvenir del mundo y otros sueños. Sin lugar a duda, le adjudicamos a nuestros niños grandes responsabilidades.

Tal vez sería importante detenernos un momento para pensar qué roles desempeñamos nosotros como adultos en su proceso de formación y desarrollo y cómo lo estamos haciendo. ¿Nos educamos para realizar tan importante labor o sólo nos dedicamos a comparar cuál época fue mejor?

Nuestros adultos del mañana necesitan de la presencia, guía, apoyo, amor, empatía y comprensión de los adultos de hoy.

Escucharlos, conocer sus temores e ideales, darles permiso para dejar volar su imaginación al jugar, crear y recrear, valorar y promover la apertura que aún tienen para expresar sus emociones, contener sus angustias y ayudarles a sentirse seguros, inculcarles los valores morales por medio del ejemplo, son sólo algunos de los muchos deberes que nos corresponde cumplir a los adultos para proveer un ambiente emocional estable y saludable.

Es nuestra responsabilidad como adultos conectarnos con sus necesidades desde pequeños; compartir e interactuar con ellos, siendo activos en su proceso de educación y formación, respetando la consolidación de su propia identidad.

Tengamos presente que el tipo de vínculo que establecemos con nuestros niños influye de forma significativa en la manera como transitarán por la vida.

Respetemos su derecho a crecer en un ambiente sano, en el que puedan sentirse seguros, amados, validados y con la capacidad de ser resilientes.

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